Si un día de lluvia desbordante, aparece, de pronto, un sol radiante,
mete en tu mochila tu paleta, tus pinceles y tus tubos de colores
y camina hacia el lugar donde el arco iris se acaba de formar.
Una vez allí, pon en tu paleta los colores
que prefieras y mézclalos como quieras.
Después, como si el mundo fuera un gran cuaderno de dibujo,
píntalo y añade algunas flores;
y, luego, en un rincón, garabatea una palabra
que despierte buenos humores.
Si la hierba el verde pierde,
pinta, brizna a brizna, el césped del jardín.
Si te gustan las puestas de sol,
emborrona las nubes de luz resplandeciente
y el océano de naranja y amarillo.
¿Demasiado brillante?
Suaviza el suelo con pastel.
Diviértete, cámbialo todo, ¡lo puedes hacer!
Píntale al mundo manchas en los huecos
o dibújale un bigote a quién tú quieras;
lo que es blanco, negro; lo amarillo, rojo.
Y si aún no te convence,
mezcla y remueve sin complejos las aristas.
Ponle una sonrisa a un hombre triste.
Esboza un mundo mejor, sé un artista.
Y si todavía sigue sin convencerte,
¡ponlo todo diferente!.
Hilo de Hada, Philippe Lechermieer